
STOP!!!
(Versión libre de un sobrino político)
La vida venía pegando duro, los negocios no habían funcionado todo lo que siempre soñamos.., se venía derrumbando, los hijos ya eran grandes, cada cual tenia su vuelo propio, las cosas en casa quizá ya no eran lo que debían ser..
La oferta de trabajo era tentadora, ir a una isla a desarmar unas viejas instalaciones balleneras, conocer tierra Argentina robada por los ingleses, tenía un sabor especial, la paga….era buena, gastos nulos, y, estar lejos de casa, seguramente contribuiría a afianzar los lazos, esos que a veces dolía tanto ir lastimando.
En total éramos 41, cada cual con su historia, cada cual con su sueño o su meta, todos entusiasmados…, “pucha” que la vida da sorpresas, pensé, cuando desde el puerto me despedía haciendo señales con los brazos de quienes me habían ido a despedir.
El viaje era largo, el frío cada vez mas intenso, por suerte Amalia me había preparado la valija con toda ropa de abrigo, bien cargada, como siempre lo hacia, en demasía, “Esto por las dudas”
, “Esto por si las moscas”, “No te olvides de llevar jabón, desodorante, el cepillo de dientes, la crema de afeitar, las hojitas, ¡mira que ahí no hay Kioscos!”, me acordaba de los diálogos, que eran hartantes, pero ahora, en la soledad del atlántico, eran casi una canción de amor...
Pobre vieja, por todas las que habíamos pasado juntos, y aún m cuidaba como a un hijo…, “una mina de fierro”…pensaba.
Que país tan extraño, yo, habiendo tenido la estación de servicio en la puerta del pueblo, en plena ruta, colectivos, taller…en cualquier país escarpia salvado, pero en esta Argentina tan pérfida, hoy me encontraba acá, solo en el medio de la nada, tratando de apechugar una vida que se me venía encima….
Los primeros días del viaje fueron entretenidos, muchos chistes, historias de cada uno de los compañeros, algunas disparatadas, campeonatos de cartas, guitarreadas, el paisaje que ya se había tornado monótono, hasta que de tanto en tanto aparecía un barco o un pedazo de témpano flotando….
Ya no se veían gaviotas, el frío, calaba hondo, la ropa que me mando la vieja casi no alcanzaba, ya tenía puesta la campera que nos dio la empresa DAVIDOFF, tampoco era lo mejor, pero se bancaba, mate, mate, unas copitas de licor, mas mate, el frío pegaba fuerte, quizá menos que los recuerdos, esos que me venían en caravana, de la familia, de los pibes chicos, los Suegros, ése vasco tan bueno y compinche, mi suegra, mujer incansable, buenaza, dignos padres para mi negrita de ojos claros, que tantas veces fustigué, por que las cosas no salían bien…
Continuará…
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